“El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre”

Un sacramento es ante todo una celebración de la iglesia. Mediante ella los fieles tratan de abrirse a la presencia salvadora de Dios, de forma que, acogiéndola en la fe, alimente su confianza en la ayuda divina y transforme sus vidas haciéndolas avanzar en la autenticidad religiosa, tanto personal como de entrega y amor a los demás.

En sentido simbólico, la siembra está vinculada a las acciones del presente que tienen consecuencias futuras. La acción de sembrar se refiere a una etapa donde se desarrolla una cierta conducta que, tarde o temprano, arrojará un resultado. El saber popular indica que, si alguien “siembra” cosas positivas, será recompensado. Por el contrario, si la “siembra” es negativa, sus efectos serán dañinos.

Parábola del sembrador.

Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. Y se le juntó mucha gente; y entrando Él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa. Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: «He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *